Cuento:Buenos Aires 2015
La noche se pierde entre gatos y ratas. Un murmullo eterno atraviesa las avenidas de buenos aires. Los vagabundos tirados en las calles hacen recordar que el abismo al que caemos a veces no tiene fin. Y es así, la oscuridad se apodera de las calles y de las mentes. El miedo animal de la supervivencia nos hace mover como en una jungla. Detrás de todo el anonimato que rige las caras sin rostro que se mueven por la calle Florida hay una sola que me distrae un momento de mi recorrido. Tan solo es una anciana, pensar que mi madre podría vagar por estas calles sin protección, ni de Dios ni del Diablo. La revolución se siente cada vez que un chico muerto de hambre me toma el sobretodo pidiendo una moneda. En mi mano un papel arrugado me sirve de guía en este laberinto de asfalto y comercio. Tras un callejón aledaño se encuentra la casa que busco, su fachada metálica me inunda el alma de frió. Adentro se encuentra el, aquel que sabrá salvarme, aquel que algunos llaman el Mesías y otros simplemente Dios. Mi desesperación y mi miedo a la muerte me han hecho caminar este sendero sin rumbo de esta ciudad de locos. Algunos dicen que el a salvado a muchos de enfermedades incurables, otros que a hecho ver a los ciegos. Yo se que mis horas están contadas con los dedos, yo se que la medicina no me salvara, se que la muerte esta detrás de la esquina, pero no puedo resignarme. Como puede ser tan importante vivir. Allí esta el, es joven de ojos azules, esta sentado rodeado de almas olvidadas, sucias y mugrientas. Todas ellas lo veneran como a su dios. El es a quien estoy buscando. Una toga blanca y roja lo cubre y simplemente esta sentado con las piernas cruzadas y con los ojos cerrados. _Siéntate hermano, se que la muerte te tiene algo extraviado y se que tienes miedo pero cálmate, solo cálmate. El lo sabía, mi muerte estaba cerca, no quedaba esperanza. _No puedo acéptarlo, entiéndame por favor, no quiero morir. _Debes entender que la vida es solo una ilusión y que lo eterno no esta aquí, siéntate a mi lado. Uno de los niños sucios se corrió y me dejo a su lado. _Ahora solo cuéntame como piensas que es la muerte. _ Tan solo tengo miedo, tan solo puedo decir que no me imagino la muerte, tan solo se que temo a la nada. _¿Temes a la nada? _Si temo a no existir. _Olvídate de la nada, tan solo deja volar tu existencia y te darás cuenta que la nada no solo es la muerte sino que también es la vida, que la fugacidad de nuestra existencia no es más que un engaño. Nada existe, así que no luches mas contra esa derrota, no temas por que nunca te han dado las armas para defenderte. El se levantó y camino hacia la ventana, y con su brazo en alta señalo hacia fuera. _Vez, ese ruido interminable ese murmullo que camina errante, es tan solo un fantasmas, es tan solo un grito de piedad, es la humanidad escondiendo su destino de polvo y olvido. Pero hoy estamos aquí para empezar algo que tendrá sentido. Se acerco hacia la mi, y me tomo la mano, y me llevo al otro cuarto. Allí estaban, como durmiendo después de largo letargo muchas espadas, todas afiladas y sedientas de sangre. _Ya no hay guerras en estas tiempo como las guerras pasadas, ya no se siente el alma libre de impedimentos para su vuelo como cuando las hordas corrían ciegas las llanuras sedientas de sangre y de muerte, de su propia muerte. Los chicos empezaron a tomar las espadas y comenzaron un ritual. Todos hacían un círculo y en el centro quedaban dos contendientes, ninguno de los dos superaba los doce años. Pronto el, les daba la orden de luchar. Era admirable la habilidad que mostraban en el manejo de esas armas, pero mis nervios terminaron conmigo al ver como caía la cabeza de uno de los muchachos. El me tomo la mano y me dijo que no temiera, y fue allí que vi lo mas sorprende que he visto en mi vida, el chico decapitado levanto su cabeza del piso y se la volvió a colocar en su lugar. Mi corazón incrédulo y mezquino estaba casi paralizado. _No tengas miedo mortal, ellos son los inmortales y son solo 12, si tienes tanto miedo de la muerte sabrás que decir. Tan solo bese su mano y le jure lealtad. No se bien quienes son ellos, ni cuantos años tienen, pero se que son sucios y mugrientos. Sus cuerpos tienen cicatrices por todos lados. Aun ninguno me ha dirigido la palabra, y hace ya diez años que estoy con ellos, en esta habitación. Tan solo salimos con nuestras afiladas espadas a cobrar tributo a la vida. Corre una anarquía espantosa en el buenos aires del año 2015. Según dice el amo, la profecía marca que los inmortales mataremos al rey y que gorbenaremos. Tantas veces nos han matado, tantas veces hemos salido caminando de morgue que ya nos es un lugar común. Por ser inmortal he perdido mis ganas de vivir, ya las cosas que antes me daban placer ahora tan solo son recuerdos. Que sentido tiene comer cuando no existe el hambre. Mi cuerpo se ha convertido en el de un chico de 12 años. Y mi espada la manejo bastante bien. Me han cortado y rebanado en muchas ocasiones y por ello aprendí a usarla. Pero hoy es el gran día, el amo hablara y dirá las cosas que todos se niegan a escuchar y la oscuridad cobrara vida. Por ser inmortal perdí el sueño, ya no duermo. Por ser inmortal tan ya no tengo ganas de vivir. Por que miras así mujer, si despierto estoy, no llores tanto, que ya no me piensas ver. No te das cuenta que el amo me hizo inmortal. Hay que dolor. Siento mucho dolor, la sangre se escapa de mí, el aire se ha hecho escaso, por que el cielo es blanco por que los inmortales están en camas separadas, por que las oscuridad eterna se adueña de mí. La nada atrapo al fin a David, la nada comió su ser, el no pudo enfrentarla como todos los olvidados de aquel hospital publico Junto a el 12 chicos desnutridos llaman al doctor por el olor a muerto.
Hugo Manuel Ferreyra.

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